Consejos para manejar las rabietas de tus hijos
Como padre, debes enfrentarte a una de las cosas más frustrantes y estresantes: las rabietas de tus hijos. Sin embargo, contrario a lo que se cree, los psicólogos indican que los niños no hacen estas rabietas solo por portarse mal o por manipular, sino para expresar su ira y frustración cuando no disponen del vocabulario para hacerlo.
Mantener la calma e identificar qué es lo que está afectando a tu hijo son las claves para lidiar con sus rabietas.
Ten paciencia, lo peor que puedes hacer es tener una rabieta durante la rabieta de tu hijo. Los niños necesitan una influencia calmante, si no puedes darles eso, no puedes esperar que se calmen. Respira profundo y espera unos minutos antes de hablarle a tu hijo.
Asegúrate de que tu hijo tiene lo que necesita y no está sufriendo por algo. Recuerda que sus rabietas son una manera de expresar su frustración, de hacerte saber que necesita tu atención o incluso de manifestar un problema físico.
Tal vez a tu hijo le estén saliendo los dientes, ensució su pañal o necesita una siesta. En estos casos, proporciónale a tu bebé lo que necesita y verás cómo finaliza su rabieta.
Preguntar cuál es el problema es una buena opción. Los niños necesitan que los escuches y sus rabietas son, en ocasiones, una manera de expresarse. Tómalo en serio y pregúntale cual es el problema. Escucha su respuesta prestándole toda tu atención y mirándolo directo a los ojos, de esta forma tu hijo sabrá que te interesa realmente saber lo que le sucede.
Esto no significa que tendrás que ceder a lo que tu hijo quiera, el punto es escucharlo de manera respetuosa. Lo que sea que tu hijo quiera, tiene el derecho de expresarlo.
Dales una explicación clara y no digas simplemente “no”. Explícales a tus hijos el motivo de tu negativa. No tiene que ser una explicación muy detallada o larga, simplemente dales una razón. Esto ayuda a que el niño entienda las cosas y tenga un mayor control de la situación.
Plantéale a tu hijo estrategias para afrontar su frustración. Pídele que se calme, si no lo hace dales opciones. Decirle que se controle o deberá irse a su habitación le da la oportunidad a tu hijo de hacer la elección correcta.
Si tu hijo acepta tranquilizarse y aceptar un “no” como respuesta, hazle saber que te parece bien su decisión y su actitud. Si, por el contrario, continua con su rabieta, llévalo a su habitación y déjalo allí hasta que se calme. De esta forma, tu hijo verá que sus actos tienen consecuencias.
Mantenerse firme ante la rabieta es de suma importancia. Debes comprender a tu hijo, pero sin perder la firmeza. Cuando hayas hablado con él, es posible que se calme de inmediato, pero también puede que no lo haga. Lo importante es que recordará que hacer una rabieta no lo ayudará a conseguir lo que quiere.
Pero lo más importante al lidiar con una rabieta es no perder tu propio temperamento. Debes dar el ejemplo de la conducta que quieres ver en tu hijo. Si pierdes el control tú también, tu hijo interpretará que este tipo de comportamiento es aceptable.
Tómate unos minutos para calmarte. Es importante que no le grites ni golpees a tu hijo. Habla con él de forma tranquila.
Muchas veces los niños hacen rabietas porque necesitan un poco de amor y atención, por esto es importante que les demuestres tu amor a tus hijos. Abrázalo y dile que lo amas, incluso cuando te sientas mal por su comportamiento.
La mejor estrategia para lidiar con las rabietas de tu hijo es la paciencia que, combinada con una buena comunicación, resolverá este tipo de situaciones sin dañar tu estabilidad ni la de tu hijo.