La aventura de ser padres
No, no estamos hablando del famoso libro con el mismo nombre. Hoy hablaremos de las cosas divertidas de ser padres. Ya tendremos tiempo para la seriedad, pero por ahora, veamos las cosas divertidas que trae consigo el ser padres.
Los niños, con toda su inocencia y astucia, nos llenan de risas y de vida. Y es que a nuestros pequeños se les ocurren muchas cosas buenas, malas y divertidas, que hacen que suframos pero que a la vez riamos.
Pintarse el cuerpo, hacer un desastre en la cocina, pasar horas y horas jugando con burbujas en el baño, podríamos enumerar un sinfín de cosas con las cuales nuestros niños se divierten y sueñan.
No obstante, La más común y conocida, y que de hecho es la que la mayoría de los niños hacen al menos una vez en su vida, es salir corriendo escapando de los adultos. Y es que pareciera que lo hacen con toda la intención. Les encanta ver a los adultos todos preocupados corriendo detrás de ellos.
Otra de las cosas más comunes, por lo menos en las niñas, es de tener a sus padres como conejillos de india. Para maquillarlos, vestirlos, jugar con sus caras, etc. Esto sin contar el uso indiscriminado de padres y adultos para conseguir cosas inalcanzables para ellos.
Todo esto sucede cuando niños, pero ¿qué pasa cuando llegan a la pubertad?
La pubertad es la etapa más cambiante del ser humano. Y para nosotros los padres, es la más divertida. Sí, no leyó mal. A pesar de ser una etapa de rebeldía donde se vuelven incontrolables. Es la etapa en la que el pudor y la conciencia comienzan a surgir en sus mentes.
Es en esta etapa donde comienzan los malos hedores y donde comienzan a tener esa voluntad de agradarle a los demás. Es la etapa donde tienen sus primeras novias y novios. Es la etapa en la que siempre están en una constante búsqueda de su propia personalidad y de su propia identidad.
Durante esta búsqueda, son muchas fallas y las contradicciones, que empieza a ser una diversión para los padres. No en un sentido malo ni mucho menos, sino que uno comienza a recordar aquellos tiempos en que se era así. Y da gracia ver como nuestros padres nos veían a nosotros. Además de todas las vergüenzas que pasamos siendo jóvenes.
Es una de las etapas más divertidas y donde se compenetran más padres e hijos. Y es que los padres ya tienen experiencia de haber pasado por lo mismo, y ahora aconsejan de una manera acertada a sus hijos. No obstante, el constante choque de personalidades hace que a veces no sigan nuestros consejos y terminen haciéndolo mal.
Luego viene la adolescencia y la adultez. Esta es la etapa del orgullo (o de la decepción, pero dijimos que no íbamos a hablar de nada serio). Es cuando nos sentimos orgullosos de esa persona que formamos y que cuidamos desde sus primeros años.
Es la etapa en donde comienzan a sorprendernos con su personalidad y sentido de la responsabilidad. Es donde lo miramos y después de tanto reprocharnos pensamos: “A pesar de todo, no lo hice tan mal”.
Al final, cuando finalmente se van de casa y nos dejan, queda ese gran vacío en nuestro pecho y en nuestro hogar. Pero siempre orgullosos de en lo que se han convertido. Los hijos son de la vida, pero siempre vuelven a donde sus padres a agradecerles por todo.
Por lo tanto, en esta última etapa de cuidados, y ya cuando son adultos, es el resultado de nuestros esfuerzos. Es el punto al que queríamos llegar. Es realmente cuando pensamos que nuestra aventura de ser padres ha valido la pena desde el inicio hasta el final. Pero la aventura de ser padres, nunca termina, pues ellos siempre serán nuestros pequeños hijos.